Pedro Peix, desde «la terminal del infierno»

El 12 de diciembre del año 2015 falleció Pedro Peix. Esa mañana había ido, como de costumbre, a pasear por la calle El Conde, de la que era habitué. Al regresar a su casa su corazón, quizás cansado de tanto bombear sangre en su batalla cotidiana o talvez entristecido por la reciente muerte de su madre, se detuvo. Pedro era, sin dudas, el más iconoclasta, rebelde y original escritor dominicano de los últimos cuarenta años.  

Pedro Fernández-Peix Pellerano, nació en Santo Domingo en 1952. Hijo del periodista y diplomático Pedro Fernández Peix y de María Isabel Pellerano, de cuyos remotos orígenes hablaba refiriéndose sobre todo a un pirata de larga cabellera que era «orgiástico y sanguinario, bebía en garrafa y consumía opio mientras le cosían las heridas, pero también escribía versos en su bitácora[1]».

Se licenció en Derecho en la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (Unphu) en 1976, en ese momento ya había publicado su novela El placer está en el último piso, texto en el que aborda «el vasto universo del sexo», primer ladrillo sobre el que se funda su vastísimo mundo creativo.

«Me han excluido del sanedrín de los medios de comunicación, de la crestomatía del pensamiento y del canon de los doctos. Por eso estoy en la calle El Conde, la terminal del infierno, con mi tormentoso legajo de querellas bajo el brazo, acaso como si me hubiese abandonado mi buena estrella sólo para irme abriendo paso en otro azar, dejando que el embeleso errante por las mismas cuadras sea mi última barricada contra el olvido y la recta final de la muerte prometida[2]», con estas palabras Pedro Peix describe se condición de marginado, de orillado, de disidente dentro del establishment  cultural dominicano.

Y es que su talento, y la libertad con que lo ejercía, causaba escozor en aquellos intelectuales que habían anidado en el poder vendiendo su conciencia crítica y a los que él acusaba de manera directa desde sus artículos de prensa, sus cuentos y los papeles sueltos que regaba por su amadísima calle El Conde.

Peix fue un creador provocador e irreverente y esto le costó estar en el borde en una sociedad en la que ser diferente es una maldición.  Y desde allí construyo una de las obras más potentes y transgresoras de la literatura vernácula, con la que traspasó en forma y fondo los límites de la creación literaria.

Su obra está compuesta por los libros de cuentos Las locas de la Plaza de los Almendros, en el que presenta Alcanfores, región ficticia en la que suceden los hechos narrados, La noche de los buzones blancos, Los despojos del Cóndor, Pormenores de una servidumbre, El fantasma de la calle El Conde y un puñado de relatos publicados de manera dispersa y recogidos póstumamente en Los muchachos del Memphis; el poemario El paraíso de la memoria;  las novelas El placer está en el último piso, El brigadier o la fábula del lobo y el sargento; La tumbadora, inédita a pesar de haber ganado el Premio Biblioteca Nacional, Contracanto para insurgentes y retadores, al igual que la anterior inédita aunque ganó el Premio Unphu de Novela, El paradoxer: demolición de la noche, también inédita, y El clan de los bólidos pesados; compiló dos antologías imprescindibles para entender la literatura dominicana del siglo xx, La narrativa yugulada y El síndrome de Penélope en la poesía dominicana, junto a Tony Raful. En el año 2006 la Editora Nacional del Ministerio de Cultura publicó El amor es el placer de la maldad, que reúne 58 cuentos[3].

Mantuvo además entre los años 1972 y 1999 la columna Entre días en el periódico Listín Diario y publicó también en el dossier cultural de la revista Mercado. Presentó y produjo los programas de temática cultural Peña de tres junto a Tony Raful y Andrés L. Mateo y el programa de radio La ciudad de las palabras, que se difundía por la emisora Onda Musical en el que hablaba sobre literatura, música, artes visuales, cine, etc.,  y que por lo general,  tenía a un invitado con el que dialogaba sobre el tema a tratar.

Pedro fue también funcionario público desempeñándose como Director de la Biblioteca Nacional, Director de Bellas Artes y en la Dirección General de Cultura y Extensión de la Secretaría de Educación.

A finales de los años setenta y mediado de los ochenta se convirtió en protagonista del quehacer literario y cultural dominicano. Como apunta José Rafael Lantigua «en ese momento, Pedro Peix está ya en la cresta de la ola. Es objeto de la atención crítica, lectura obligada de su tiempo, centro de discusión». Y a pesar de los conflictos que también genera sigue quebrantando lo establecido. «El aire sesentista lo arropa, pero su debut es en los setentas y los ochentas es su jubileo[4]», destaca Lantigua.

Ganó el primer lugar del concurso de cuentos de Casa de Teatro en cuatro ocasiones: en 1984 con Pormenores de una servidumbre; en 1988 con Pasión y oprobio en el Hotel Shangai, en 1992 con La quimera de la muerte; y en 1994 con Hembras y tormentos. Además del segundo lugar en tres ocasiones, el tercero en una ocasión, y cuatro menciones en el mencionado certamen. Ganó dos veces, 1977 y 1987, el Premio Nacional de Cuentos José Ramón López con Las locas de la Plaza de los Almendros y El fantasma de la calle El Conde; en 1985 mereció el Premio de Novela Biblioteca Nacional con La tumbadora y en 1996 el Premio Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña de novela con Contracanto para insurgentes y retadores, que inexplicablemente permanecen inéditas; en el año 2001 con 22-22 gana el Premio de Cuentos Virgilio Díaz Grullón organizado por el Banco Central de la República Dominicana. En el año 2012 recibe el premio Caonabo por su trayectoria literaria.

Y a la par que construía una de las obras más originales de la literatura dominicana iba creando también una leyenda a su alrededor: la del último dandi paseando elegantemente vestido, a pesar del calor inclemente del trópico, por la calle El Conde con su espesa melena erigida como una torre sobre su cabeza, con aire de niño perdido desandando sus pasos entre una muchedumbre a la que era indiferente, pero a la que no dejaba indiferente.

A pesar de la originalidad de su obra murió sin recibir el Premio Nacional de Literatura, y no hay otra razón que la de nunca haber hecho lobby para conseguirlo. Presumible es que su sentido dieciochesco del honor y conocer su propio valor como escritor, y el de su obra, no lo dejaran asumir la indigna posición de mendigar un premio que tenía merecido y ganado muchos años antes de su fallecimiento.

Esto que cuenta el crítico italiano Danilo Manera, amigo y antólogo de Peix, da una idea de cuán desilusionado estaba del ambiente cultural que lo rodeaba: «Caminé con él a lo largo de la calle El Conde. Me decía: “Voy y vengo por estas diez cuadras como un asesino que vuelve al lugar del crimen, como los elefantes que cuando sienten que van a morir se encaminan a sus osarios atravesando ríos y montañas, como en un laberinto de la soledad, con el recuerdo de una mujer y un fracaso en cada balcón, pero aún inconforme y altivo”. Reafirmaba la ebriedad de su propia deriva, porque no había “tierra firme” para sus sueños. Se definía “ventrílocuo del pesimismo” y esgrimía como un espadachín insumiso el florete de la disidencia[5]».

Camilo Venegas, en «Pedro y el descredito de todo lo soñado», dice, en referencia a Peix, que «todo en él, desde su escritura hasta su apariencia, era un acto de irreverencia contra la inversión de valores y la politiquería que carcomen a la sociedad dominicana[6]».

Y esa irreverencia la llevó como un estandarte que enarbolaba en cada acto de su vida. En una de sus últimas apariciones públicas, cuando recibió el premio Caonabo, dio un discurso que más que discurso es una declaración de principios y un testamento de honor contra aquellos que le denigraron y le aislaron por no subyugar su obra ante el poder político: «Contra ellos, contra el paternalismo y la jerarquía excluyente, yo proclamo la “literatura del desacato”, la desobediencia al sanedrín del intelecto y a su irrebatible aura deliberante, y a sus prerrogativas de marginar y descalificar las transgresiones de la creatividad más vertiginosa y arrolladora», proclama Peix. 

Y casi finalizando deja este mensaje en el aire, que algún día, debe caer, germinar y crecer, como la buena semilla
«…quiero exhortar a la juventud a que no declinen sus convicciones, a que crean en ustedes mismos, que no se dejen intimidar por inquisidor alguno, ni por alta que sea la institución, la investidura sagrada, el arbitraje moral o estético ni la potestad ministerial. No transijan jamás con su libertad creadora ni con los relámpagos de su inventiva y pensamiento. Sean audaces y radicales, y miren por encima del hombre al mañana, y vean al pasado con la misma arrogancia de los que ayer triunfaron, y hoy son legado por no claudicar ante los desafíos y adversidades de su tiempo… No se impacienten, más tarde o más temprano se impondrán, porque a veces en este país hace falta morirse para hacerse oír y darse a respetar».


[1] Citado por Danilo Manera en «Pedro Peix: los hermanos de las costas». Mythos, 53, pp. 8-9.

[2] En «Áulicos, soplones, saltamontes y vándalos de cuartel», fechado 26 de diciembre de 2001

[3] Se presumía que este volumen contenía todos sus cuentos, pero en el año 2016, meses después de su fallecimiento, sus herederos iniciaron un proyecto de publicación de sus obras completas compuesta por dieciocho libros, entre ellos los cinco libros de cuentos publicados en vida y un volumen que recoge los relatos dispersos publicados en revistas y antologías entre 1980 y 2006 y algunos inéditos. A la fecha, noviembre de 2017, se han publicado estos seis libros compuestos por 64 cuentos.

[4] En su artículo «Pedro Peix: anécdota, obra y leyenda», publicado en Diario Libre, el 19 de diciembre de 2015, p. 20.

[5] Manera, Danilo. (2016). «Semblanza de Pedro Peix y un acercamiento a su cuentística». Tintas. Quaderni di letterature iberiche e iberoamericane, 6, pp. 127-130.

[6] Texto publicado por Venegas en su columna «Como si fuera sábado» de la revista Estilos de Diario Libre.

Las pieles del viento

 

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© Camilo Villalvilla |Temperamental [Pastel seco y lápiz carbón sobre papel, 100 x 70 cm, 2007]
 

Ciudad del dolor,
¿dónde te pervierten
con los placeres rápidos como los caballos
que van hacia la muerte?

Antonio Fernández Spencer

 

Uno

La ciudad es un bosque sembrado de luces:
un promontorio de cuerpos varados,
torcidos en la orilla de la noche;
un animal compasivo que escuece sus heridas
con salitre caribe,
una niña abandonada,
arropada en las pieles del viento.
Dos

Golpeada por los siglos de los siglos
nunca ha sido derrotada:
cada noche se reconstruye calle por calle,
esquina tras esquina,
vuelve a ser la misma que bambolea en tus sueños
entre bruma y palabras asidas a la nada.

 

Tres

Ni un solo de mis muertos está enterrado en esta ciudad,
sin embargo, alguna vez me parece escuchar sus voces
entre el verdor de los árboles
o verlos apresurados cruzar una calle.
Otras veces un charco de agua me devuelve
un rostro ya perdido.
He llegado a creer que son tretas suyas:
plantar recuerdos a nuestro alrededor
que nos mantienen prisioneros entre sus límites.
Cuatro

Llenos de recuerdos inciertos,
palabras casi inútiles
y rostros borrosos,
mis pulmones respiran a modo forzado.
Mis manos se asen a la miserable rutina.
Abandonado a mi suerte
navego en desasosiego.
¿Despertaré algún día de este sueño oscuro?
¿Saldré algún día de esta ciudad que me ata?
¿Moriré?

 

Cinco

La ciudad me come:
con gula caníbal deglute mi cuerpo.
Avorazada clava sus dientes de hormigón en mi piel,
rasgando músculos y huesos.
Me mastica
y en una esquina cualquiera deja mis sobras
que son olisqueadas por los perros
que deambulan la noche.
Seis

Recito, como una oración a la que me ato para salvarme,
los nombres de todas las ciudades
por las que me gustaría cambiarte.
Pero siempre tu nombre
es el único que hace eco en mi memoria;
tu nombre es el único que se articula moribundo
entre mis dientes;
tu nombre, es el único que truena
en mi pecho
como un golpe que me paraliza.

Siete

El rumor de tu voz me lleva,
como corriente de agua,
hasta tus orillas de bruma.
Giro entre tus piernas
y por más que quiero deshacer ese abrazo que das,
me quedo dormido
como niño arrullado por las melodías
de los árboles que verdean tus calles.
Me quedo quieto,
acorado a tu pecho,
en el que late un corazón de miseria y sol.
Ocho

Esta ciudad cae desequilibrada
en la tibieza del crepúsculo.
Desconcertada intenta ponerse de pie,
erguirse sobre la sangre
y vociferar al viento que es indestructible.

Nueve

A veces, se queda arrodillada.
Tal vez cree, igual que yo,
que lo mejor es pastar en la derrota
y descansar, al fin, de las batallas inútiles de cada día.

Diez

A sus pies le ofrendo el corazón
escurrido entre mis dedos.
Estoy buscando su perdón
y ella, con fiereza, susurra:
Morarás y morirás bajo este cielo de grafito
que nos cubre.
Aguantarás el peso feroz de mi sombra
y por siempre estarás postrado ante mí.
Soy tu ciudad, la única en la que eres.
Si me abandonas, mi venganza será terrible:
quebraré tus recuerdos en mil pedazos
para que desandes eternamente mis calles
tratando de unirlos.
En silencio la miro,
mientras acaricio su cabellera de pájaros y lluvia.
Y lloro abrazado a ella.

 


«Las pieles del viento» pertenece a El latido incesante (Kingwood: mediaislaeditores, 2019)

Doce ‘sugerencias’ para el fortalecimiento del sector del libro y la lectura

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El 28 de mayo de 2018 envié una carta a Eduardo Selman, quien habia sido designado ministro de Cultura de la República Dominicana. En ella le daba doce sugerencias para fortalecer el sector del libro y la lectura, que nadie me pidió, pero que, tal como le escribo en la comunicación, lo hice porque «los actores culturales debemos involucrarnos, seamos miembros de su gabinete o no, en la creación de políticas públicas que permitan alcanzar el desarrollo cultural de la población dominicana». Nunca recibí respuesta. Dos años después, quiero compartir públicamente esas sugerencias:

1. Iniciar un proceso de consulta con los involucrados en el sector del libro, la lectura y las bibliotecas (escritores, libreros, editores, bibliotecarios, promotores de lectura, gestores culturales y catedráticos de literatura) para actualizar la Ley del Libro y las Bibliotecas y, de esta forma, crear un nuevo documento que sea sometido al Congreso Nacional para su conocimiento, discusión, aprobación y posterior promulgación y puesta en ejecución.

2. Crear programas de incentivos para apoyar con recursos técnicos y económicos, a través de fondos concursables, a las industrias creativas y culturales que giren alrededor del libro y la lectura: editoriales, librerías, revistas, entre otros.

3. Seguir creando, desde el ministerio, talleres literarios y círculos de lectura. Además, apoyar proyectos de promoción de la lectura, concursos literarios, ferias del libro y festivales independientes, aportando recursos técnicos y económicos para su fortalecimiento.

4. Vincular al sector del libro y la lectura en los programas de las tandas extendidas a partir de un acuerdo institucional entre los Ministerios de Educación y de Cultura, para que, a partir de conversatorios, talleres de escritura creativa, recitales y actividades de promoción de la lectura, se acerque la literatura dominicana (y universal) a la niñez y la juventud dominicana.

5. Continuar con la creación de bibliotecas en todo el territorio nacional. Fortalecer los espacios existentes, actualizándolas a las necesidades actuales y dotándolas no solo de libros, si no de acceso al mundo digital y de una programación cultural dinámica y activa.

6. Apoyar la presencia de la literatura dominicana, a través de editores y escritores, en festivales, ferias del libro y congresos de reconocido prestigio. Esto podría hacerse a través de un convenio con el Ministerio de Relaciones Exteriores, utilizando las agregadurías culturales de las embajadas dominicanas en el exterior como la plataforma natural para estos fines.

7. Crear convenios con los establecimientos de educación superior para estimularles a la creación de un departamento de cultura en sus instituciones, a través del cual se apoye y promocione la creación artística, en especial la literaria, mediante concursos, publicaciones y festivales. Del mismo modo, propiciar un acercamiento con los gobiernos municipales para la implementación y fortalecimiento de políticas culturales para el desarrollo local a través de las direcciones municipales de cultura.

8. Propiciar un acercamiento con el sector privado para motivar la inversión de fondos en las industrias creativas y culturales y en proyectos que incidan en el desarrollo cultural de la nación.

9. Relanzar el Sistema Nacional de Creación Artística (Sinacrea), el que sugerimos rebautizar como Sistema Nacional de Creación Literaria, como un programa de becas de estímulo a la creación literaria en los géneros de poesía, cuentos, ensayos artísticos, novela y dramaturgia, mediante el cual se seleccione, por medio de una convocatoria pública y transparente, a un número determinado de escritores por cada género que serán remunerados por producir un libro, bajo supervisión institucional, que luego será publicado por el Ministerio de Cultura.

10. Relanzar también el programa de coediciones, a través de la Editora Nacional, permitiéndole a pequeñas editoriales independientes fortalecer su labor de publicación.

11. Crear programas de formación y actualización permanente para los actores del sector literario, con enfoque en gestión de industrias creativas y culturales, marketing y comercio electrónico, redes sociales, derecho de autor y cualquier otra materia que pueda servir de herramienta para el desarrollo profesional del sector.

12. Fortalecer la Feria Internacional del Libro, y las ferias regionales, como eje de una estrategia nacional de promoción del libro y la lectura. Utilizar este evento para propiciar un encuentro entre editores, distribuidores de libros, directores de revistas literarias, investigadores y catedráticos, programadores de encuentros y festivales, así como traductores de diversas partes del mundo, con libreros, escritores y editores dominicanos, con el fin de crear relaciones que se traduzcan en invitaciones, reseñas, publicaciones y traducciones de escritores y sus obras en el exterior. Incentivar con apoyo y acompañamiento técnico la creación y desarrollo de ferias del libro municipales, provinciales y de instituciones de educación superior.

 

Luis Alfredo Torres, «perdido para siempre en la noche»

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Si uno quisiera filmar una película de la vida de Luis Alfredo Torres haría bien en comenzar con una larga toma que serviría como elemento básico de la narración, pero también como clave simbólica para ilustrar la tragedia del poeta que murió en 1992 a los 56 años. La imagen sería del poeta caminando por la calle El Conde. Se podría filmar con la perspectiva desde el suelo, a unos cuatro metros detrás del caminante, mostrando su andar lento apoyado del bastón. Luego mostrar ese rostro derrotado cubierto por los eternos lentes oscuros pero que aún sonríe cuando recuerda al muchacho sureño que alguna vez amó.

Luis Alfredo Torres nació en 1935 en Barahona, una pequeña ciudad ubicada a orillas del mar Caribe. A los nueve años fallece su padre, suceso que, probablemente, influye en esa personalidad taciturna y melancólica que adivinamos a través de sus versos. Sigue leyendo “Luis Alfredo Torres, «perdido para siempre en la noche»”

Travesía entre palabra y silencio: un brevísimo recorrido por la poesía de René Rodríguez Soriano

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© Wilson Abreu

 

Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
[…]
haz que se traguen todas sus palabras.

Octavio Paz

 

Transitar por la poesía de René Rodríguez Soriano es recorrer un camino de búsquedas y aciertos. René, ha trasvasado sus experiencias vitales en poemas que tienen la redondez de lo perfecto, aunque el artista siempre piense que todo es perfectible.  En palabras del poeta irlandés Paul Muldoon «un poeta es producto de su tiempo y trata de entenderse a sí mismo en ese tiempo[i]» y eso ha hecho Rodríguez Soriano desde su debut literario, Raíces con dos comienzos y un final[ii], libro en el cual la ideología imperante en aquellos años, los doce de Balaguer, permea de principio a fin estos poemas. Permea pero no arropa. Lo político en este caso es «una política de la cotidianidad»[iii], no se sacrifica el decir poético en pos de lo ideológico. Y entre sus versos, Mamá Tingó, la lucha campesina por la tierra, la figura militar, transliterada al campo amoroso, son la presencia que insufla vida a estos poemas. Y al final, todos los poemas construyen un canto a «la cosecha madura de una tierra propia».

A partir de ese libro se articula un discurso artesanal, y no artesanal en el sentido de lo seriado o repetido aunque en cada poema hay una línea argumental, si es válido el término. Es artesanal en el sentido en qué René toma la palabra como barro y moldea, pacientemente, una vasija que llena de recortes de lo que le rodea: el campo, el hombre que labra la tierra, la naturaleza, los cuentos oídos en su Constanza natal, la radio, la publicidad. En fin, la vida misma. Y este tránsito poético configura un camino enhebrado a partir de un decir poético cotidiano, experimental a veces, y que, sin dudas, constituye una de las obras más originales, lúdicas y potentes de la tradición poética dominicana.

A partir de Textos destetados a destiempo con sabor de tiempo y canción[iv], se empieza a vislumbrar la influencia de la publicidad, poesía publicitante le llaman algunos, en estos textos amorosos con un destello de humor y calle. Estilo este que se reforzará en Muestra gratis,[v] libro que, en palabras de Marcio Veloz Maggiolo, contiene «una poesía con espíritu de medio de comunicación que se critica a sí mismo y que se transforma en mensaje[vi]».

En la obra de Rodriguesoriano continua lo político pero resignificado respecto a la generación que le precede. Sin dudas, René saca la cabeza como líder de una nueva camada de escritores, la Generación del 70, construyendo un decir único, un trabajo de orfebre que va construyendo, ensamblando piezas únicas a partir de la construcción, de una simpleza compleja, imágenes poéticas que evocan y construyen universos. En uno de los fragmentos de «Sabor de tiempo y canción», incluido en Textos destetados…, lo erótico se funda, sobre palabras sencillas y cotidianas pero combinadas con una maestría tal que configuran una pieza maestra:

dame la anatomía
de tu amor
en esta mano
para apretarla
noche
a
noche
entre mis dientes
y conjugar la patria
en tus entrañas

En Canciones rosa para una niña gris metal[vii], la música, ese otro elemento presente en la producción renesiana, irrumpe, desde el título, convirtiéndose en más que referente en una voz, un personaje, un motivo de estos poemas. Desde el epígrafe, Luis Alberto Spinetta anuncia el tono amoroso, rosa en el sentido en que se visten de sencillez, de estos poemas: poemas de amor. Y, desde el título, se vislumbra la importancia de lo musical. René construye un puñado de poemas nombrados con las letras del alfabeto y precedidos por versos de reconocidos boleros, género cercanísimo al poeta, y en los que vuelve a ser notable el uso del lenguaje de la publicidad unido ahora al uso de términos radiofónicos y de lo cotidiano, como ha sido normalidad en su quehacer poético desde sus primeros textos. Lo amoroso, lo erótico alborota a los pájaros del deseo de cualquier lector que frente a esas páginas descubre textos como este:

en la estafeta transparente
de tus carnes pongo proa
norteoeste
y con alevosía
asalto el abecedario
de tus aguas

En Apunte a lápiz[viii], se funda un decir maduro cuya materia prima es la añoranza. El pueblo, la aldea, es el personaje principal de estos textos profundamente autobiográficos en el que se dibujan melancólicos los días de infancia: la casa con el patio oceánico vestido de naranjos y rosas, la madre rejuvenecida en la memoria, el padre que sonríe en alguna evocación, el perro guardián. En fin, el pasado «ese espacio tan íntimo, del tamaño del mundo», dibujado entre palabras y recuerdos.

Rumor de pez[ix], es un libro vestido de melancólica ausencia en el que «Toda palabra es un silencio, todo silencio una palabra. Un barco que viene o va», y en cuyo vaivén trae un nombre, un cuerpo, una piel. Poemas cruzados por la influencia de las greguerías y de lo proverbial con un marcado lirismo erótico. Esto es notable en «Nota al margen de su lengua»:

Que se entienda,
no hablo de ningún tratado,
de ningún volumen. Hablo
de ese animal terrestre que habita en el cielo de su boca.
Ese animal perverso que santifica mi nombre
y mis latidos, ese animal sin nombre que si me toca
me hace nacer sin lengua en el lenguaje de su cuerpo.

Nave sorda[x], séptima estación de este recorrido poético, es una travesía por los mares de la ausencia. Un calendario, los diez textos de la primera parte están nombrados con días de la semana pero no en el orden común ya que inician en viernes y terminan en sábado, en el que se recorre un nombre, un cuerpo ausente.  Un libro en el que se busca lo que no está, lo que se ha ido:

Este vino del domingo sabe a zonas de tu pelo. Bebo a sorbos largos tu recuerdo. Aspan mis pensamientos amplios paisajes de tu cuerpo. ¿Dónde estás?

Sin dudas, en esta siete estaciones René ha construido un universo único a partir de un trabajo artesanal con la palabra, aplicando talvez aquellos versos de Octavio Paz, ha sabido sacarle el jugo a las palabras, moldearlas, morderlas hasta extraer la savia vital y verterlas sobre el papel para que tomen nueva vida vueltas poema.


[i] Citado en «Poesía, fama y poder: Juan Gabriel» de Círculo de Poesía Sitio web: http://circulodepoesia.com/2016/08/poesia-fama-y-poder-juan-gabriel/

[ii] Raíces con dos comienzos y un final. Santo Domingo: Editora Taller, Colección Mínima, 1977; Santo Domingo: Editorial Gente, 1997; Kingwood: Mediaisla editores. Colección Juegos con lagartos, 2014.

[iii]  Fornerín, Miguel Ángel. (2016). «Para leer a René Rodríguez Soriano (todos los juegos el juego)». Marzo 16, 2019, de Mediaisla Sitio web: http://mediaisla.net/revista/2016/11/para-leer-a-rene-rodriguez-soriano-todos-los-juegos-el-juego/

 [iv] Textos destetados a destiempo con sabor de tiempo y de canción. Santo Domingo: Editorial Gaviota, 1979.

[v] Muestra gratis. Santo Domingo: Editorial Gente, 1986; Santo Domingo: Ediciones Cielonaranja, segunda edición, 2018.

[vi] Veloz Maggiolo, Marcio. (2013). «Rodriguez Soriano y la poesía “publicitante”». En Visiones de orilla: Estudios, apuntes y testimonios en torno a la obra de René Rodríguez Soriano, editado por Carlos Ardavín Trabanco (pp. 245-248). Santo Domingo: Editora Nacional.

[vii] Canciones rosa para una niña gris metal. Santo Domingo: Serigraf, Colección …y punto!, 1983; Valencia: Ediciones del Rectorado de la Universidad de Carabobo, 1992; Kingwood: mediaIsla editores, Colección Juegos con lagartos, 2009.

[viii] Apunte a lápiz. Constanza: Ediciones Paso Bajito, Colección Luna Rota, 2007.

[ix] Rumor de pez. Santo Domingo: Ediciones de la Universidad Central del Este (Premio de poesía UCE 2008). Impreso por Editorial Gente, 2009; Kingwood: Mediaisla editores, Colección Juegos con lagartos, 2012; Popayán, Colombia: Gamar Ediciones, tercera edición, 2018.

[x] Nave sorda. Harlingen: Libros Medio Siglo, 2015.


Este texto es la introducción a Juguete sagrado. Poemas escogidos de René Rodríguez Soriano. Compilada por Luis Reynaldo Pérez  y Denisse Español (Kingwood: Mediaisla Editores, 2019) y fue reproducido, originalmente, en Mediaisla.

Devuelta

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© D. R.

 

¿Te acuerdas viejito de aquellos días de bohemia en la Zona Colonial? Siempre salías con la intención de cazar una rubia para ligar tu visa e irte pa’ los nuevayores a hacerte rico. Comprabas una tercia de ron donde Hugo y de ahí te ibas para un motelito de la Duarte con la victima de la noche. A veces no terminabas la botella porque te llamaban al radioteléfono y te tocaba salir a hacer tu trabajo: defender a la patria. Ahora estás ahí coño, lleno de mierda y con la baba en caída libre de la boca al pecho. Recuerdas la vitalidad que tenías cada vez que interrogabas a un carajito de esos que creían que con discursitos iban a derrocar al gobierno. ¿Cómo carajos te encontró? Tanto trabajo para desaparecer, para ser un fantasma. Buscaste una invisibilidad que te permitiera vivir una vejez larga y placentera, la que no vivirán esos muchachos que cayeron en tus manos. Te cayó de sorpresa, no lo habías visto nunca pero su rostro te recordaba a alguien. Ahora, tirado en esta cama de hospital en la que vegetas, intentas una mueca parecida a una sonrisa mientras piensas que la vida te devuelve con tus propias monedas.

 

Renegado

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© Egoitz Moreno

 


Lunario

Lunario ilust 05
© Ilka Marra

 

 

Un geranio
es la luna
sobre el agua marina.

*

Pez de fuego que cabalga
en el lomo de las olas
es la luna que se baña,
corazón de caracola.

*

En el viento va flotando
una tacita de plata
es la luna que sonríe
y saluda mientras pasa.

*

De conchas luce el aire
y de merengue la luna,
a ti mi niña del viento
te quiero como a ninguna.

*

El caracol
es una estrellita arenada
que arrastra la noche.

Lunario ilust 08
© Ilka Marra

Un barquito de papel va bailando mar adentro
va mirando a las estrellas, va jugando con el viento
se bambolea quietito,  va susurrando unos versos
y la luna enamorada le va lanzando unos besos.

*

Canciones de cuna
tararea el mar
a la luna llena
que empieza a soñar.

*

La luna
es un colibrí
que bebe agua del cielo.

*

La luna
es una hormiga de nácar
que pasea sobre la noche.

*

Pececillos de jengibre
bailotean entre las olas
enamorados están
de la luna de amapola.


Portada - Lunario
Estos textos pertenecen a Lunario (Santo Domingo: Alfaguara Infantil, 2014).

Comer con los ojos: gastronomía y literatura

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© Dinah Fried

 

La literatura, como todas las disciplinas artísticas, nace de lo que rodea al creador que no hace más que un ejercicio de recrear la realidad humana. Hasta el punto de crear pequeños universos llenos de experiencias que nacen de la imaginación, pero ¿qué hay de aquella literatura que reproduce algo tan cotidiano como es el placer de comer?

Desde La epopeya de Gilgamesh en todo el quehacer literario hay tres temáticas constantes: el sexo, la comida y la muerte. Tanto la muerte como el sexo son temas que se captan al instante por el lector, sin embargo, la comida pasa desapercibida, como un recurso menor dentro de la trama. No obstante, cuando el lector se detiene puede percibir que muchos de los pasajes en los que se habla de gastronomía en la literatura, no son ni fortuitos ni gratuitos.

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